
El nombre Lua es de origen portugués y significa, literalmente, «luna» en español. En muchas culturas, la luna está asociada con lo femenino, la intuición, la luz en la oscuridad y el ciclo natural de la vida. Como nombre propio, Lua evoca belleza, serenidad y una conexión con la naturaleza y los ciclos cósmicos. Es un nombre que transmite delicadeza y misterio, relacionado también con la protección y la influencia lunar en la mitología y las creencias populares. La luna es el símbolo principal de las emociones y los sentimientos, y refleja la naturaleza emocional y cómo reaccionamos ante las situaciones de la vida. Es la parte de nuestro inconsciente que anhela seguridad, amor y pertenencia.

Mi amada Lua llegó el 30 de abril de 2023 a nuestras vidas. Estaba en la perrera y tenía aproximadamente un año y medio cuando la adoptamos. Ahora que ya llevamos tiempo juntas, que nos conocemos, nos amamos y confiamos la una en la otra, puedo decir que su nombre le queda a la perfección. Lua es sensibilidad, emociones a flor de piel, belleza, protección y como dice su nombre. anhela seguridad, amor y pertenencia.
Cuando conocí a Lua, salió corriendo a toda velocidad hacia mí, parecía que nos conociéramos de toda la vida. Me saludó con una efusividad tremenda. Recuerdo que solo sentía un amor infinito y profundo hacia una perra que acababa de conocer. Fue tan emotivo, como si me dijera: «Hola, ¿por qué has tardado tanto? ¡Vamos a casa!». Solo recordarlo me llena los ojos de lágrimas. Me tomaron una foto y, al verla, reconozco una sonrisa que solo había visto en fotos mías cuando tenía unos 4 o 5 años.
¡Ojalá más gente se animara a darle una oportunidad a los perros de la perrera! Es complicado, sí, pero vale totalmente la pena. No puedo imaginar a mi familia sin Lua.
Es mi foto menos favorecedora, pero no podía contener la felicidad.

Es una perra difícil, no quiero engañar a nadie, es una perra con muchos miedos, que suele reaccionar intentando morder a otros perros si no la sujetas. Es muy sensible, por lo que sus niveles de estrés están por los cielos. Lo que ella no sabe es que no todo lo que está afuera representa un peligro. No sabe que no todos los perros significan amenaza. Su presencia en nuestras vidas llegó y me descolocó.
Otra vez, yo tenía expectativas. Sabía que quería un perro adulto, que pudiera seguirle el ritmo a Aquiles, pero que fuera más estable, más tranquilo, y que pudiéramos hacer vida juntos. Me dijeron que Lua era tranquilísima —lo cual sí es—, pero no me dijeron (porque creo que ellos tampoco lo sabían) que tenía tanto desbordamiento emocional.
Lua ya tiene dos años y algo con nosotros. Es impresionante el cambio (para bien) que ha hecho, pero aún nos queda mucho camino por recorrer. Pasamos de tener una perra con conductas agresivas e intensas, a reducir muchísimo todo eso. Nos cambió el ritmo de vida, nos cambió todo. Me he informado, he leído, hemos ido con distintos educadores caninos, veterinario etólogo, de todo. Tratamos de ayudarla —y ayudarnos— en todo lo que está en nuestras manos (y economía).

Hice un curso de adiestramiento canino online, y ahora estoy cursando otro sobre adiestramiento canino cognitivo, donde vemos mil y un cosas sobre las emociones y cómo abordar todo esto desde el respeto, el acompañamiento y priorizando siempre el bienestar emocional del perro y la familia. La verdad es que Lua es una gran maestra. Gracias a ella he conocido emociones, he leído e investigado sobre neuropsicología canina, manuales de etología canina y tantas cosas más.
La perra que llegó en abril de 2023 no se parece en nada a la perra de julio de 2025, pero sabemos que aún tenemos mucho recorrido por delante. Lua es divertidísima y tiene una paciencia infinita con sus hermanos perrunos. Le encanta jugar con Aquiles y Rayo. Es una cazadora de ratas profesional, y le encantan los juegos con mordedores y hacer equilibrios (le encanta subir escaleras). Así que tomamos todas sus habilidades y tratamos de potenciarlas con las herramientas que creamos en casa.
La verdad es que Lua nos hizo salir de nuestra zona de confort, y como todo lo que remueve, a veces incomoda. Gracias a Lua, nos mudamos de casa, arreglamos una finca (que nos tomó meses), la cerramos y creamos un «pequeño paraíso», como lo llamamos nosotros. Sabemos que no siempre podremos contar con este espacio que ahora tenemos, pero gracias a Lua empezamos a transformar una casa en un hogar.
Comenzamos a descubrir zonas nuevas para pasear por la montaña, más tranquilas, sin tantas bicicletas, corredores o el movimiento de otros paseos que ya hacíamos. Empezamos a investigar mucho más. Cuando Lua tiene un mal día o está enfadada por algo, he aprendido a respetar esos tiempos también, y no tratar de forzarla a estar “bien” rápido. He comenzado a profundizar en este torbellino emocional que es la vida.
Gracias a Lua, salí del pánico que me daba sacar el carnet de conducir en España. Tengo muchos años conduciendo, pero Vigo me daba pánico (aún me da algo de miedo), pero mi perra necesitaba que yo la subiera al coche y la llevara a otros paseos. Además, nos mudamos a una hora de donde trabajaba en aquel tiempo, y tenía que conducir a diario.

Gracias a Lua conocí personas maravillosas… y otras no tanto. He pasado dos años creyéndome el cuento de que “no era suficiente para mis perros”. Por desgracia, muchos educadores del mundo canino te venden desde la culpa cuando tienes una perra con problemas de gestión emocional. Nunca olvidaré a una educadora que me dijo: “Ah, claro, de la perrera solo querían sacarla, les daba igual, y tú ahora ¿por qué te metiste en esto?, ¿cómo no pensaste?”, y bla, bla, bla. Me echó un rollo de lo más desagradable, porque yo pensaba: “Vamos a ver, ya está Lua conmigo, ya es de la familia, no la voy a devolver, sobre todo porque su problema fuerte de gestión era fuera de casa”.
Dentro de casa es lo que podríamos considerar una perra perfecta. Le encanta estar acostada, ver películas en el sofá, es muy muy amorosa, aprende trucos con facilidad, es muy graciosa… parece que ser una payasita le hace inmensamente feliz. Con sus hermanos perrunos se lleva de maravilla. De hecho, los dos —tanto Aquiles como Rayo— siempre la buscan. Lua es quien les da seguridad. Siempre decimos entre bromas que están enamorados de Lua… y Lua pasa de ellos.
Cada vez que conozco a un educador canino nuevo y pregunto sobre Lua, los precios se salen de control: suelen estar entre 80 euros la hora, y algunos cobran 125 por una sesión presencial y dos de seguimiento online. Lo cual no nos podemos permitir. No dudo de que esos educadores sean buenísimos, pero es imposible para nosotros pagar esos precios. Por eso —y porque es mi pasión— he decidido estudiar este curso de adiestramiento canino cognitivo-emocional.
Sé que iremos más lento, y ojo, no busco “arreglar” a mi perra. Mi perra no es una cosa que necesite ser arreglada. Solo quiero ayudarla a tener una mejor gestión emocional. No será perfecta, pero sí quiero darle una mejor calidad de vida. Y nosotros, como familia, también tenerla. Porque somos una familia. Somos cinco los que convivimos en casa y yo veo por el bienestar físico y emocional de todos y cada uno de los individuos con los que convivo… incluyéndome a mí.
Lo cual es algo que me ha costado, porque suelo dejarme para el final. Suelo dejarme para el último. Ahora, gracias a Vane —mi psicóloga, que es maravillosa— estoy aprendiendo a empezar a ver también por mí, y entender que si yo no estoy bien, difícilmente mi hogar vaya a estar bien también. Porque, como mi pareja, somos pilares del hogar y de la convivencia. Si el bienestar de uno falla, el peso de la estructura de nuestro hogar se carga mucho sobre el otro, y posiblemente un día reviente por tener que cargar con todo. Juntos, y compartiendo la vida, es mejor.

Lua llegó para revolverlo todo, para enseñarnos que no todo se trata de control, sino de conexión. Gracias a ella, ya no vemos la vida de la misma forma. Con ella aprendimos a mirar más despacio, a escuchar más hondo y a vivir con más intención. Pero justo cuando creíamos haber aprendido todo lo que necesitábamos, llegó él…
Un torbellino pequeño, incansable, tierno y testarudo, que vino a encender aún más nuestra vida: Rayito.
¿Te quedas a conocer su historia?
Gracias por leerme y por acompañarnos en este camino peludo, intenso y lleno de amor.

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